Esto
quiere
decir
que
los
costes
de
fabricación
son
realmente
altos.
Y
es
que
todavía
no
ha
sido
posible
hacer
asequible
ni
rentable
la
tecnología
OLED.
Hay
que
tener
en
cuenta
que
el
televisor
de
15
pulgadas
que
ya
está
vendiendo
LG
en
Japón
cuesta
alrededor
de
1.700
euros,
un
precio
ciertamente
hiperbólico
para
un
aparato
de
tan
reducido
tamaño.