En
concreto la cabeza del robot tiene 30
“músculos”, algo menos que el
rostro del ser humano, cada uno de los cuales
se mueve con un pequeño motor independiente.
La “piel” está hecha de un polímero elástico
llamado Frubber, desarrollado
por la empresa Hanson Robotics, que le
aporta grandes dosis de realismo.
Para
“enseñarle” a Einstein-robot a expresar
emociones con la cara, los investigadores,
liderados por Javier Movellan, le colocaron un
espejo delante con el fin de
que analizase sus propias expresiones.