A
pesar de no tener a Podolski en la izquierda y que en su lugar jugó un
lateral bastante tosco en sus movimientos, los germanos buscaron por ese
sector con Ozil habilitando a Jansen. Müller no recibía juego por su
punta, pero a los 18' aprovechó un rebote para abrir el score.
Nadie
presionó a Schweinsteiger, quien tuvo todo el tiempo del mundo para
sacar un remate potente que sorprendió a Muslera y lo obligó a dar un
rebote hacia el medio. Ningún zaguero celeste siguió a Müller, y así
el volante llegaba a su quinta conquista del certamen.
Minutos
atrás había avisado Friedrich con un golpe de cabeza que pegaba en el
palo tras un córner de Ozil. El dominio era europeo, que jugaba mejor
con y sin pelota bajo una lluvia torrencial en Port Elizabeth.
Uruguay
intentaba adelantar sus líneas pero sufría el contragolpe que de haber
sido certero, pudo aumentar la ventaja antes de la media hora. Sin
embargo, a los 27' se dio la recuperación celeste a partir de un quite
que quedará como uno de los mejores del Mundial, sino el mejor.
Diego
Pérez le robó el balón con precisión y firmeza a Schweinsteiger yendo
al piso, jugó para Suárez y este para Cavani. El delantero de Palermo,
que otra vez tuvo que volantear e ir al sacrificio, tuvo se merecido
premio definiendo a la red ante la salida del desesperado Butt.
La
celeste demostraba que también podía salir rápido de contragolpe e
igualaba las acciones. A partir de esa jugada, con peso en el score y en
lo anímico, el trámite se emparejó y se hizo más lento, sin tanta dinámica
y con las líneas uruguayas más compactas.
Incluso
pudo pasar a ganar Uruguay antes del entretiempo, de no haber sido por la
mala puntería de Suárez, que definió cruzado y afuera ante la salida
del arquero, tras un soberbio pase de Forlán.
Justamente
el Pichichi llegó a su quinta conquista del certamen, coronando una
jugada notable a los 5' del complemento. Egidio Arévalo Ríos recuperó
en campo adversario y se mandó por derecha, tiró una pared con Suárez y
puso un centro preciso para el goleador. Al borde de la medialuna se relamía
para acomodar el cuerpo, darle con el empeine de pique al suelo y llenarse
la garganta de gol.
Lamentablemente,
la alegría duró apenas cinco minutos, y Jansen aprovechó un centro de
Boateng y la mala salida de Muslera, para decretar la igualdad con un débil
golpe de cabeza.
El
trámite se hizo de ida y vuelta, justificando con creces el valor de la
entrada. Posibilidades para ambos equipos y rápida transición en el
mediocampo eran el escenario de un partido más que entretenido.
Uruguay
lo tuvo en los pies de Suárez primero y en los de Forlán después, pero
el arquero Butt se mostró seguro. Diego Pérez se retiró cuando merecía
la expulsión que no decretó el mexicano Archundia, y recibió la
merecida ovación de los fanáticos de la celeste que estaban en el
Estadio Nelson Mandela, en el momento en que ingresó Walter Gargano.
Joachim
Low también ensayaba variantes, y llegó a la ventaja definitiva tras un
tiro de esquina que encontró un quede de la defensa uruguaya y el
cabezazo de Khedira, el volante de recuperación que sentenciaba el juego
a nueve minutos del cierre.
Nuevamente
afloró la garra, pero no alcanzó. La suerte le dio la espalda a un
tercer puesto que este equipo merecía, cuando Diego Forlán estrelló un
bombazo en el ángulo superior derecho del arco de Butt sin más tiempo en
el reloj.
Una
pena. Era el alargue y era el sexto gol de un delantero que hoy no estuvo
en su mejor noche por dificultades físicas, y aún así se las ingenió
para marcar un golazo y estar a punto de hacer otro.
La
gloriosa celeste se va de pie, dejando en alto el orgullo de un pueblo que
vivió a pleno un cuarto puesto que no tenía desde 1970. Quien escribe
deja el teclado en paz, y al igual que el lector, retoma su lugar de
hincha para aplaudir a un equipo que merece el gran recibimiento que tendrá
el próximo lunes.
misi desde fuera del área, que abrió