Si dijésemos que la trilogía de
Bourne ha calado hondo entre los aficionados del cine seguramente nos quedaríamos
cortos, porque desmereceríamos el ritmo de acción frenético abanderado por
dos directores que controlan sus películas con la precisión de un reloj. Un
año después de la última entrega tenemos la posibilidad de ver cómo se ha
trasladado al mundo del videojuego todo ese inquietante mundo de
conspiraciones, grupos secretos, asesinos a sueldo y conflictos de intereses a
escala mundial.